sábado, 11 de diciembre de 2010

La estructura del corazón, por Francesc Torrent-Guasp

Del mismo modo que Galileo Galilei se mantuvo firme al apoyar la teoría heliocéntrica de Copérnico, Francesc Torrent-Guasp, un médico de Denia, se atrevió a socavar los cimientos de las ideas, vigentes durante 500 años, sobre la anatomía y funcionamiento del corazón.

La aventura científica de Torrent-Guasp comenzó en los años 50 cuando era estudiante de medicina y ayudante de la cátedra de anatomía en la Universidad de Salamanca, mientras realizaba la disección de un corazón humano para mostrar a los alumnos de la clase de anatomía. El ‘arquitecto del corazón’ Torrent-Guasp descubrió en los años 70, tras diseccionar innumerables corazones de diferentes especies animales en su estudio de Dénia, que la estructura del corazón se trataba de ‘un conjunto de fibras musculares, retorcido sobre sí mismo a modo de cuerda lateralmente aplastada’, según su propia definición.

Su teoría sobre ‘la banda miocárdica ventricular’ es considerada por el Dr. Mladen Kocica ‘un Big-Bang científico que no solo resuelve algunos de los secretos de la anatomía cardiaca que han permanecido ocultos durante siglos sino que además explica ingeniosamente la armonía entre forma y función dentro del corazón’.

El estudio de Torrent-Guasp logró descifrar la complicadísima estructura del corazón, algo que nunca antes la medicina no había conseguido comprender. ‘Torrent-Guasp descubrió que los ventrículos del corazón en lugar de ser dos cavidades independientes eran el resultado de un enrollamiento de una única banda del tejido muscular, la denominada ‘banda ventricular’, añade el Dr. Jerónimo Farré. Estos descubrimientos le valieron el Premio Miguel Servet (1974) y la nominación al Premio Nóbel de Medicina (1978), a propuesta del Ministerio de Educación y Ciencia.

Una vez descrita la banda miocárdica ventricular –conocida internacionalmente como VHMB-, había que interpretar cómo funcionaba. Torrent-Guasp dedicó las siguientes décadas a desvelar la mecánica de aquella banda muscular. Como una toalla que se retuerce, el miocardio realizaba un giro helicoidal. ‘El corazón, en lugar de ser un pistón deslizante sobre unas paredes fijas, como cualquier cilindro, se retuerce en émbolo descendente y las paredes hacen un giro espiral, con lo cual la eficacia mecánica es máxima’, resumía el prestigioso cardiólogo Pedro Zarco hace unos años en la Revista Española de Cardiología. ‘Con una gran tenacidad y un trabajo prolongadísimo, el más extenso del Siglo XX de la anatomía cardiaca, el doctor Torrent-Guasp imaginó primero y conoció después el intrincado ovillo que forma el corazón’, añade Zarco.

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